En las inclemencias de la época colonial, cadenas de dolor retumbaban en las suaves arenas de las playas colombianas. Desembarca una tripulación, donde no son aquellos los provenientes de donde el sol se oculta al atardecer, son seres que parecen de otro mundo, pues en si son diferentes a los demás que viven alrededor, Son seres de tez oscura que hablan otra lengua, con otras costumbres que según los rumores pueblerinos, solo son más que animales. David se pregunta el porqué su mamá hablaba eso con su vecina mientras mira hacia el ocaso mirando como aquellos seres tan curiosos salían de los barcos con miedo, sin conocer que era lo que en realidad estaba sucediendo, en sí el entorno era un poco incomodo, así que decidió salir a escuchar los rumores del viento, pues este le rumoraba secretos que viajan en el sin fin del cosmos, el cual de un momento a otro le revelo una trágica historia, que sin esperarlo lo involucro al instante en el que las primeras cadenas tocaron por primera vez suelo colombiano. -¡Una condena! No puede ser posible, ellos son nada más que simples animales sin conciencia eso tengo entendido- aun después de los rumores del viento David continuo su rumbo que bailaba al son de las palmeras. Pasado un rato cuando la luna se adueñaba del mundo y con las estrellas jugaban en el extenso lienzo oscuro que la mantenía suspendida en el cielo, David contemplo una bella sombra, con cualidades inverosímiles, donde parecía la máxima expresión de belleza jamás vista, cerró los ojos y se pregunto si realmente era verdad lo que estaba viviendo, y por defecto era cierto, pero gran sorpresa cuando la maldita luz de una antorcha que irrumpía en el silencio de la sombra dio a mostrar su verdadera identidad ¡no puede ser! Aquella magnifica silueta era uno de esos seres que se decía eran salvajes una expresión de terror creada por Dios. Un grito estremecedor aturdió el cálido ambiente de la noche y aquella silueta salió corriendo con las cadenas que le oprimían sus tobillos y le impedían avanzar más rápido. ¡Espera! Grito David pero ella corrió y corrió hasta perderse en lo frondoso de la hierba vagabunda. -Qué extraño, en serio los susurros del viento tendrán la razón- David se cuestiona pero hace caso omiso a la su voz interna y emprende camino a casa.
Amanece y el sol pellizca los parpados de todos los seres avisando la llegada de un nuevo día. David se levanta de insofacto pensando que todo era un sueño y que aquella experiencia tan mágica pero al mismo tiempo tan perturbadora había sido cierta, baja a desayunar y su madre lo recibe con una noticia que lo impactara demasiado:
-hijo te presento a Abigail nuestra “esclava” el ejercito me la vendió a un muy bajo precio”-,
-¿esclava?–
- si hijo esclava, que tiene de malo eso; todos tienen esclavos, los dan por bajo precio. Su nombre es Abigail dicen que sabe hablar español-.
Fue demasiado impactante pues fue ella la que él vio en esa noche tan misteriosa el día anterior. Abigail le contesta con tono sumiso: - disculpe amo en que le puedo servir-
David aturdido por la cólera sale sin decir nada, a desahogar sus penas con el agua salada del mar que bañaría su cuerpo para calmar su Ira
-oye océano ¿Tú que tan infinito y bañas las costas de este mundo tan extraño que crees que debo hacer? he visto que a esos que llaman esclavos son iguales a nosotros tienen sentimientos, ríen, lloran, aman igual que otros, ¿por qué sus cadenas, los prejuicios y las malos tratos?-
El océano se pone turbio se lleva a David en una bocanada tratando de llevarlo a los mas recondito de sus profundidades. Todo se oscurece como lo es la tez de estos seres.
-amo reaccione dice Abigail- Que paso, amo usted casi se me ahoga, no vuelva a hacer eso-
Todo parece indicar que sus hipótesis son ciertas todos estos seres son iguales a ellos lo cual dio el inicio para entablar una linda amistad pero el viento le repetía el presagia de desdicha.
Pasado muchos mese David y Abigail eran los mejores amigos hasta que una coche, una noche igual a la noche en la que se conocieron, pasaron por un establecimiento pues la mama de David la mandaron a un quehacer a este sitio desastroso; donde hombres perdidos por el alcohol en el que nadaban sus cerberos insultaron a Abigail, David lleno de rabio enfrento a aquellos hombres que desataron su furia contra él y contar Abigail.
-¿Dónde estoy? , ¿Abigail?
Un manto de sangre inundaba el piso. Abigail yacía muerta a causa de las injusticias
En realidad somos seres racionales o los seres salvajes en si somos nosotros decía David sumergido en tristeza, mientras que el viento le susurraba, eres esclavo, del destino esclavo de las injusticias, esclavos de tu propio pueblo encadenado al prejuicio y a la desdicha.
Amanece y el sol pellizca los parpados de todos los seres avisando la llegada de un nuevo día. David se levanta de insofacto pensando que todo era un sueño y que aquella experiencia tan mágica pero al mismo tiempo tan perturbadora había sido cierta, baja a desayunar y su madre lo recibe con una noticia que lo impactara demasiado:
-hijo te presento a Abigail nuestra “esclava” el ejercito me la vendió a un muy bajo precio”-,
-¿esclava?–
- si hijo esclava, que tiene de malo eso; todos tienen esclavos, los dan por bajo precio. Su nombre es Abigail dicen que sabe hablar español-.
Fue demasiado impactante pues fue ella la que él vio en esa noche tan misteriosa el día anterior. Abigail le contesta con tono sumiso: - disculpe amo en que le puedo servir-
David aturdido por la cólera sale sin decir nada, a desahogar sus penas con el agua salada del mar que bañaría su cuerpo para calmar su Ira
-oye océano ¿Tú que tan infinito y bañas las costas de este mundo tan extraño que crees que debo hacer? he visto que a esos que llaman esclavos son iguales a nosotros tienen sentimientos, ríen, lloran, aman igual que otros, ¿por qué sus cadenas, los prejuicios y las malos tratos?-
El océano se pone turbio se lleva a David en una bocanada tratando de llevarlo a los mas recondito de sus profundidades. Todo se oscurece como lo es la tez de estos seres.
-amo reaccione dice Abigail- Que paso, amo usted casi se me ahoga, no vuelva a hacer eso-
Todo parece indicar que sus hipótesis son ciertas todos estos seres son iguales a ellos lo cual dio el inicio para entablar una linda amistad pero el viento le repetía el presagia de desdicha.
Pasado muchos mese David y Abigail eran los mejores amigos hasta que una coche, una noche igual a la noche en la que se conocieron, pasaron por un establecimiento pues la mama de David la mandaron a un quehacer a este sitio desastroso; donde hombres perdidos por el alcohol en el que nadaban sus cerberos insultaron a Abigail, David lleno de rabio enfrento a aquellos hombres que desataron su furia contra él y contar Abigail.
-¿Dónde estoy? , ¿Abigail?
Un manto de sangre inundaba el piso. Abigail yacía muerta a causa de las injusticias
En realidad somos seres racionales o los seres salvajes en si somos nosotros decía David sumergido en tristeza, mientras que el viento le susurraba, eres esclavo, del destino esclavo de las injusticias, esclavos de tu propio pueblo encadenado al prejuicio y a la desdicha.
Por Pedro Nel Gonzalez.


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