miércoles, 28 de julio de 2010

INDEPENDENCIA DE COLOMBIA Y DIGNIDAD DE SU PUEBLO: ESPEJISMOS LEJANOS

La sociedad colombiana está enmarcada por tantos factores e inmersa en tantas realidades distintas que a la vez son la misma; una de estas realidades no es la independencia. Si bien es cierto que hace 200 años nuestra patria se emancipó, la realidad en la que se presenta el bicentenario nos muestra que dicha independencia no es más que un espejismo, algo de lo que nos apropiamos sin tenerlo realmente; nuestras escuelas y colegios enseñan que Colombia es libre, pero esto no es más que un intento de disuadirnos de la dolorosa realidad. El bicentenario de la independencia más que un momento para regocijarnos, es un momento para la reflexión y replantear nuestra condición como país tercermundista, sometido por la violencia, la pobreza, dirigentes corruptos y cobardes, desigualdad social, desempleo, pobres sistemas de salud y educación, ignorancia y muchos otros problemas y realidades que lamentablemente crean una especie de “sinergia negativa” y un ecosistema apto para que nazcan, crezcan y se reproduzcan nuevos males y problemas; alguien decía que un mal crea otros males; éste es uno de los problemas más graves que aquejan a Colombia; nada funciona bien y se desencadena una serie de eventos desafortunados que comienza con el robo del tesoro público, pasa por familias muriéndose de hambre, niños pidiendo plata en semáforos, desplazados pidiendo un espacio donde vivir, hospitales sin plata, colegios sin libros, adolescentes prematuramente embarazadas y niños entrenados desde que nacieron para ser sicarios. Los problemas que se presentan en Colombia lamentablemente (duele decirlo) hacen parte de la cultura, porque las personas ya los aceptaron y sólo tratan de convivir con ellos. Los colombianos nos acostumbramos a la violencia, a ver cómo nuestro pueblo corta sus venas y nos empapa a todos. Tenemos que ser ciegos para no darnos cuenta que los problemas de Colombia no son de unos pocos; que la pobreza no afecta sólo a los pobres, que la violencia no afecta sólo a los desplazados. Las castas sensatas de otras naciones comprendieron que permitir la generalización de la miseria es avivar un peligro extremo. La pobreza no es problema de los pobres, es problema de toda la sociedad, y bien dijo Bernard Shaw hace muchas décadas que permitir que haya miseria es permitir que la sociedad entera se corrompa. Como había dicho anteriormente un mal crea otros males, y las clases más altas han contenido el error de creer que la pobreza es sólo problema de los pobres. La pobreza de algunos es el comienzo de una sociedad corrompida; la pobreza extrema es algo insostenible para un país y lamentablemente a Colombia se le hizo tarde para entender esto. Los países europeos entendieron a tiempo que la prosperidad y la pobreza no puede llevársela bien; por eso siempre han lanzado programas y estrategias agresivas contra la pobreza; por esto quizás en algunos países como Noruega y los países nórdicos el socialismo utópico ha tomado forma. En Colombia se ha creado una distopía inmanejable; los problemas se retroalimentan a sí mismos y no hacemos nada para evitarlo.
“Del Estado colombiano se puede decir que presenta dos características absolutamente contradictorias. Esto es: es un Estado que no existe en absoluto, y es un Estado que existe infinitamente. Si se trata de cumplir con las funciones que universalmente les corresponden a los Estados: brindar seguridad social, brindar protección al ciudadano, garantizar la salud, la educación, el aseo público, la igualdad ante la ley, el trabajo, la dignidad de los individuos, reconocer los méritos y castigar las culpas, el Estado no existe en absoluto. Pero si se trata de cosas ruines: saquear el tesoro público, atropellar a la ciudadanía, perseguir a los vendedores ambulantes, desalojar a los indigentes, lucrarse de los bienes de la comunidad y sobre todo garantizar privilegios, el Estado existe infinitamente.”(William Ospina). El estado colombiano está presente en lo que le conviene y se olvida del pueblo; sólo se acuerda de él para atropellar sus derechos. Por otro lado el pueblo no hace nada para revertir la situación; es estoico en algo donde no lo debería ser. Ser estoico es algo más sublime que dejar que un gobierno mezquino y anti popular atropelle nuestros derechos. El pueblo sigue esperando que se arreglen las cosas; es verdad que nos acostumbramos a mendigar, a pedir lo que merecemos por derecho. Ser estoico no puede ser igual a ser pasivo; debemos actuar para defender nuestros derechos. Debemos luchar por la independencia que nuestros libertadores consiguieron con sangre hace 200 años y proteger los fines altruistas con los que se fundó nuestra nación.
El poder que el gobierno colombiano ejerce sólo tiene fines particulares. Lastimosamente el gobierno y el estado colombiano no ejercen poder para proteger a toda su población, simplemente lo demuestra para atropellar nuestros derechos. El estado colombiano es y no es “el gran hermano” de los libros de George Orwell. No es porque para lo que se refiere a proteger los derechos de la población, mantener el orden, no dejar que familias se mueran de hambre, acabar con el desempleo es un estado casi inexistente. Por otro lado es, porque para aprovecharse de la población, robar y malgastar dinero del tesoro público es omnipresente. El estado está aliado con los principales medios de comunicación, por lo que aunque se respeta el derecho a la libre expresión, se limita la misma. El pueblo colombiano está limitado a recibir información de unas fuentes que en su mayoría están a favor del gobierno por conveniencias y tapan o censuran los desaciertos que tiene. El estado colombiano en lugar de apoyar la educación y hacerla pilar del crecimiento del país, hace todo lo contrario; al estado le conviene que la población sea ignorante para poder hacer sus cosas sin que el pueblo tenga argumentos validos para oponerse al mismo. Al gobierno le interesa que el pueblo permanezca en la” minoría de edad” para que no pueda ver más allá y manipular sus mentes a su antojo; es triste pero cierto. Es triste darse cuenta que el pueblo no ve más allá de sus narices porque quizás no tiene la posibilidad de estudiar. Es triste darse cuenta que llegando desde dos ideologías opuestas se converge a la misma situación negativa: Por un lado el estado totalitario y comunista que George Orwell tanto crítico y el estado ultra derechista y anti popular de Colombia. Ambos convergen hacia algo negativo; hacia la opresión de la población cegando su mente.
Por:
-Yeimy Aldana
-Pedro Nel Gonzalez
ensayo sobre el bicentenario

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